Yoga Nidra, también conocido como el “sueño consciente” o “sueño psíquico”, es una técnica que se encuentra a medio camino entre la relajación y la meditación, dado que combina aspectos de ambas. Fue desarrollada por Swami Satyananda Saraswati allá por la década de los 60, tomando como base la práctica meditativa Nyasa, proveniente de la filosofía tántrica, en la cual se iban “colocando” o recitando diferentes mantras mientras se llevaba la atención a las distintas partes del cuerpo. Satyananda toma esta técnica, pero introduce cambios y la dota de una estructura para que sea accesible a todo el mundo y se pueda adaptar a cualquier idioma sin necesidad de poseer conocimientos de sánscrito.

Satyananda Saraswati
El objetivo del Yoga Nidra es establecernos en esa ventana que existe entre el sueño y la vigilia, una ventana en la que se produce una separación entre nuestros sentidos y nuestra consciencia, y que nos permite ir explorando las distintas capas de la mente. Para la filosofía hindú, nuestra mente dispone de tres capas:
– Jagrat: se corresponde con la mente consciente y el estado de vigilia.
– Swapna: mente subconsciente, estado de sueño.
– Sushupti: mente inconsciente, un estado de supraconsciencia.
El tránsito de una capa a otra depende de la práctica que hayamos tenido en Yoga Nidra. Al principio nos estableceremos en las capas iniciales, pasando a estados más profundos a medida que vamos realizando sesiones de Nidra.
A nivel neurológico, se dice que el estado de Yoga Nidra se corresponde con un estado mental de total apertura relacionado con la prevalencia de ondas cerebrales alfa, las cuales se originan en nuestro cerebro cuando este se encuentra en calma y con una evidente disminución de pensamientos rumiatorios. Además, en ciertos momentos de la práctica podemos acercarnos a ondas cerebrales theta, más vinculadas con estados oníricos conscientes, lo que nos permite acceder a la mente más subconsciente. De hecho, la práctica de Nidra se caracteriza por ir pasando de un estado a otro, por lo que a veces tendremos la sensación de estar despiertos pero relajados y, en otras ocasiones, de habernos dormido. Cualquier experiencia es bienvenida; no existen prácticas de Yoga Nidra buenas o malas, sino que todas forman parte de nuestro proceso personal.
A nivel fisiológico, la práctica de esta técnica tiene numerosos beneficios comprobados por diversos estudios científicos: regula la frecuencia cardíaca, contrarresta la respuesta de estrés gracias a la activación de la rama ventral parasimpática —asociada a la calma y la regulación emocional—, mejora procesos de insomnio, regula la producción de hormonas asociadas al estrés e interviene favorablemente en nuestro sistema digestivo, entre otros.
Dado que con la práctica de Nidra accedemos a una ventana de apertura en la que nuestra mente se encuentra especialmente receptiva, se establece como central el concepto de Sankalpa. El Sankalpa, o propósito, es una declaración mental que nos dirigimos a nosotros mismos, encaminada a imprimir un mensaje positivo en nuestra mente, relacionado con algo que queramos mejorar o cambiar. Se dice que, generalmente, el objeto del Sankalpa es una cualidad que ya reside en nosotros y que solo necesitamos despertar mediante el Yoga Nidra. Algunos ejemplos de Sankalpa serían: “me siento en paz conmigo misma”, “encuentro la calma en mi vida” o “me acepto como soy”.

Aprovechamos ese estado de acceso al subconsciente para grabar ese mensaje en nosotros mismos y disponer así del recurso mental necesario para ponerlo en práctica en nuestra vida diaria. El Sankalpa se repite dos veces a lo largo de una sesión de Yoga Nidra: la primera, al inicio, como quien planta una semilla; la segunda, hacia el final, como una forma de regarla para permitir que crezca. Nos dice Satyananda que el propósito del Yoga Nidra siempre está destinado a cumplirse en nuestra vida.
En general, la estructura de una sesión de Yoga Nidra es siempre similar, aunque se introducen pequeñas variaciones para explorar distintos aspectos de nosotros mismos. Esta estabilidad estructural está relacionada con el concepto de previsibilidad: cuando nuestro cerebro “sabe” más o menos lo que va a ocurrir, el estado atencional no necesita mantenerse tan alerta y permite explorar sensaciones de relajación más profundas. De ahí que los beneficios del Yoga Nidra se vayan percibiendo con el paso de las sesiones. Habitualmente, las fases que se experimentan son la interiorización, la relajación, la rotación de la conciencia por diferentes partes del cuerpo, la observación de la respiración, la experimentación de sensaciones opuestas, la visualización y la vuelta a la conexión con el entorno.
¿Y cómo y cuándo practicar Yoga Nidra? Puede practicarse en cualquier momento del día, aunque realizarlo a última hora suele ayudar a preparar el cuerpo y la mente para un descanso más satisfactorio. Generalmente se practica tumbado en Savasana, y no hay nada más que hacer que acomodarse, escuchar las instrucciones, seguir la guía del instructor y establecerse como un mero observador de la experiencia del “sueño consciente”.
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Práctica de Yoga Nidra




